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El Diagnóstico del Sistema: ¿Qué es la Impedancia en el Cuidado?

Foto del escritor: Juan Oliveri Vega
Juan Oliveri Vega
8 oct
3 min de lectura

Tengamos en cuenta la impedancia en el cuidado.

En el mundo de la ingeniería, la impedancia es la resistencia que un circuito opone al paso de una corriente. Utilizamos este concepto para entender por qué la comunicación y el cuidado pueden dejar de fluir en una familia, un equipo o una institución.


La mayoría de profesionales del sector social y sociosanitario saben perfectamente que hay veces en las que, por mucho que te esfuerces en cuidar o comunicar, el mensaje simplemente no llega. Esto no se debe a falta de voluntad, sino a que el sistema está pesado. A esto lo llamamos «Impedancia en el Cuidado».


1. La Resistencia al Flujo: Cuando el Sistema se Bloquea

No todos los conflictos son peleas abiertas. A veces, el sistema simplemente se vuelve «pesado». La Impedancia aparece cuando:


  • La información no circula: Los protocolos se cumplen, pero el bienestar no llega al destinatario.


  • La carga emocional satura el canal: El cuidador o el profesional están tan llenos de ruido propio que no pueden recibir la señal del otro, rompiendo esa reciprocidad esencial que Nel Noddings identifica entre la persona que cuida y la persona cuidada, donde la calidad de la atención depende de que el mensaje realmente llegue y sea acogido por el receptor.


  • Fricción estructural: La burocracia, la falta de ocupabilidad profesional o ratios insuficientes generan una resistencia que agota la energía del sistema.


2. El listado de control de la Impedancia

Teniendo en cuenta esto, previo a intervenir en un conflicto o al llevar a cabo alguna intervención, podemos aplicar al sistema este tipo de filtro:


  • ¿Hay ruido en la señal?: ¿La comunicación es clara o está distorsionada por el agotamiento?


  • ¿Existe capacidad de absorción?: ¿El receptor tiene espacio mental para integrar lo que se le pide?


  • ¿Hay fugas de energía?: ¿Se pierde tiempo en conflictos periféricos que no resuelven la necesidad real?


Lo que esto ayuda a generar es una respuesta en proceso.


3. Calibrar el Caudal: El Arte de la Conductividad.

Para bajar la impedancia, no hace falta «empujar» con más fuerza. A menudo, la solución no es añadir más presión, sino permitir la decantación. Gestionar el flujo relacional implica crear espacios de pausa —ese intervalo entre el estímulo y la respuesta donde, como afirmaba Viktor Frankl, reside nuestra libertad para elegir— para que el ruido decante y la tensión baje.


El resultado es una recuperación de la conductividad del cuidado: el sistema recupera su agilidad, los mensajes llegan a su destino y la energía profesional vuelve a invertirse en lo que realmente importa: la calidad del servicio, la vida laboral y el vínculo.


4. ¿Por qué hablamos de «Conductividad del Cuidado»?

Tanto en el sector social como en el sociosanitario, estamos acostumbrados a escuchar términos como «dar cariño», «atención» o «calidad asistencial». Son conceptos valiosos que elevan la calidad del cuidado, solo que, al transformarlas en acciones, a menudo se quedan en lo abstracto. Lo vemos, por ejemplo, a la hora de implementar la Atención Centrada en la Persona (ACP), donde la falta de indicadores unificados dificulta la gestión cuando las cosas dejan de funcionar.


Al hablar de conductividad, nos referimos a algo que es medible.


Entendemos el cuidado como una energía real que debe viajar de un punto A (el profesional) a un punto B (la persona atendida). Para que esa energía llegue a su destino con toda su potencia, el «cableado» del sistema debe estar íntegro:


  • Si el profesional sufre de Burnout, el cable está pelado.


  • Si el equipo vive en conflicto, la resistencia es demasiado alta.


  • En ambos casos, la conductividad cae.


Hablar de conductividad nos permite salir del terreno de las buenas intenciones para entrar en el de la gestión profesional. Al medir la capacidad del sistema para dejar pasar el cuidado, podemos intervenir de forma metódica y precisa, llegando de manera efectiva al núcleo de las necesidades.


No solo se trata solo de «querer cuidar mejor», o de valorar si se es «bueno o malo» profesionalmente. Al evaluar el sistema, nos aseguramos de que sea capaz de conducir ese cuidado —con la ecuación completa: organización, instituciones, equipo, familia y persona— hasta quien más lo necesita. Cuando la impedancia se vuelve crónica en una planta o en un servicio de ayuda a domicilio, intentar resolverlo desde la improvisación solo agota más al equipo. Requiere una intervención metódica.


Si desea reducir la impedancia y mejorar la conductividad del cuidado de manera estructural en su organización, estos procesos de formación y entrenamiento pueden gestionarse a través de Formación Bonificada. info@oliverivegamediacion.com


Bibliografia

  • Frankl, V. E. (1946). El hombre en busca de sentido. Herder Editorial (ISBN: 9788425432026)

  • Noddings, N. (2009). La educación moral: Propuesta alternativa para la educación del carácter. Amorrortu Editores (ISBN-13 ‏ : ‎ 978-9505188437)

 
 
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